Orden y Caos, capítulo aleatorio. Por Henrick Robertson


–Si no te encontrase en la punta del abismo de los cielos observando la tormenta, no serias una buena diosa del Caos –Oyó Eleaníss comentar a Dáhliro. Siempre con sus pensamientos tan racionales.
–Me gusta –respondió sin voltear, con una voz tan tenue que ella no supo si lo había dicho o guardado para sí misma.
–Me gusta ver la lluvia caer y cubrir todo el mundo conocido –Dio un respiro–. Es hermoso.
–Todo lo que ha nacido de los elementales es hermoso –replicó Dáhliro–. La tormenta, la tierra, la vida, nosotros los dioses…Tú.
–No lo entiendes Dáhrilo –Se volteó a mirarlo, pero sus ojos insistentes la intimidaban y agitaban en ella deseos prohibidos. Confusamente, al mismo tiempo la inundaban de paz.
Volvió para buscar juicio en la vista de la tormenta, al fin y al cabo, ella correspondía a aquel elemental.
–La tormenta cubre a todos los seres del mundo conocido por igual, inferiores, ángeles y dioses. A pesar de que huyen de la lluvia y se refugian del viento, los inferiores son los más beneficiados.
–Explícame eso mujer del Caos, mi inteligencia no lo asimila.
–Lo haría si dejaras de buscar una estructura a todo y solo miraras y contemplaras la belleza.
–Para eso estás tú y ya conoces bien que mi naturaleza es la de buscar e imponer un Orden –declaró con algo de rudeza, pero sin llegar a descortés.
–La lluvia los cubre a todos por igual –explicó–. Grandes y pequeños, féminas y málidos, jóvenes y ancianos. Sus pelajes, sus pieles, sus cuerpos completos están empapados, todos se ven igual de bellos e igual de espantosos.
Aquello no tenía el más mínimo sentido, pero no quería interrumpir, le encantaba oírla divagar.
–Todos se ven prácticamente idénticos, todos mojados, todos pueden reírse de todos y ver a su semejante como tal, un igual. La brecha de la belleza se acorta. El agua sobre sus cuerpos forma una pastina brillosa, se ven resplandecientes, y todos en este momento están observando la tormenta. Me gusta compartir eso con ellos, me preocupo por ellos, los dioses últimamente se han olvidado de esa tarea. Nadie cuida de los seres más frágiles.
Sonaba tan triste, pero por las leyes primordiales que esa mujer tenía razón, lo desconcertaba, la admiraba profundamente y cada vez se le hacía más difícil no enamorarse de ella. Sus miradas se cruzaron nuevamente y se mantuvieron por un momento largamente peligroso. Ella, como diosa representante del Caos, tenía los ojos azules como la tormenta eléctrica que acababa de detonar sobre el mar revuelto. Los de él eran de un marrón claro y dorado, pacíficos como el reflejo del ocaso o el tono de la hoja de un árbol que el otoño acaba de arrancar de un soplido.
Él se acercó hacia la hermosa dama hasta la distancia mínima que pueden tener dos dioses sin que las fuerzas divinas se roturen. La distancia exacta a un suspiro de un beso. Eleaníss se olvidó que aquella mirada la intimidaba, pero no olvido el deseo, estuvo a punto de romper ese pequeño límite, y lo habría hecho si no fuese porque el dios del Orden lo hizo por ella. La entrega fue mutua y completa. Estaba mal, muy mal, aquella desobediencia era grave incluso para Caos. Si besarse estaba prohibido, hacerlo de esa manera valía por un castigo eterno. Por los cinco elementos que estaban ambos condenados ¿Cómo podía esa condena sentirse tan dulce, tan placentera, tan poderosa latiendo en su pecho? ¿Cómo podía ser ese beso tan apasionado, tan feroz y tan delicado al siguiente instante? ¿Cómo podían estar aquellos sentimientos prohibidos?
–Quiero amanecer contigo y que el Sol nos encuentre desnudos juntos como uno solo.
–No podemos Dáhliro –protestó queriendo estar equivocada–. Los elementales no se doblan ante la voluntad de los dioses, nosotros somos los obligados a seguir sus leyes.
–¿Desde cuándo te has vuelto tan correcta y obediente?
Ella suspiró de enfado –¿Y tú desde cuándo tan impertinente?
–Desde que tu esencia late en mi corazón sacudiéndolo de pasión.
–No podemos, nos ganaríamos una merecida condena.
–Ya estamos condenados a no amarnos.
Ella volvió a enfadarse, porque era un cabeza dura, pero más que todo porque llevaba la razón, Orden, siempre tan calculador.
–¿Y qué pasará si el Sol nos descubre?
–No lo sé –negó él sin respuesta–. Pero si nos descubre y le agrada nuestra unión seremos libres de toda regla divina que los nuestros hayan creado y dicha unión no podrá ser juzgada.
–Amémonos entonces, si seremos juzgados prefiero que lo haga una fuerza superior, ser juzgado por la verdad y la justicia de un supremo y no por la envidia y el miedo de nuestros semejantes. Amémonos esta noche y esperemos juntos el amanecer de nuestra libertad o de nuestro oscuro castigo.
Los dioses amantes no lo vieron, porque sus ojos estaban cegados por la delicia del sabor que sentían sus labios al probar los ajenos. No lo supieron y mucho menos supieron que fue por su causa, por la magia involuntaria que nacía de los dos. La tormenta cedió y los inferiores salieron de sus escondites a admirar la maravilla que se reflejaba en sus ojos. Los cielos eran una onda de colores parpadeantes en movimiento. El rocío brillaba como si las estrellas se hubiesen mudado a la superficie de la hierba y montañas, las diminutas gotas brillaban de colores vivos. Aquella era una señal sin duda de que los dioses los saludaban y los protegían. Ese día y durante toda la noche, sin saber muy bien porque, los inferiores celebraron.

Faded


La primera vez que escuché esta canción, hace como dos meses, me conmovió en lo más profundo de mi ser. No podía dejar de escucharla una y otra vez en bucle de repetición. Hay algo en sus notas, en su cadencia, no se como expresarlo, me hacia sentir muy triste, desolada, perdida. Estuve así como una semana hasta que le busqué la letra. Aunque parezca absurdo no lo había hecho hasta entonces. Simplemente me limitaba a escucharla una y otra y otra vez.
En lo que lograba comprender de solamente escucharla me conmovía particularmente que se preguntara Where are you now?, que mencionara a la Atlantida, que hablara de los sueños, y los monstruos que corren salvajes.
Cuando leí la letra y su significado entendí porque esta canción me había tocado tan adentro, a pesar de que me la encontré por casualidad en un juego, y porque cuando la escuchaba me sentía triste hasta las lágrimas.

A dos meses de haberla descubierto, aun la encuentro muy conmovedora, sobretodo en estas horas de espera.

Sinceramente Victoria

Debí regalarte flores


Same bed but it feels just a little bit bigger now
Our song on the radio but it don’t sound the same
When our friends talk about you all it does is just tear me down
Cause my heart breaks a little when I hear your name
It all just sounds like “Oooh”
Mmm too young, too dumb, to realize

That I should’ve bought you flowers
And held your hands
Should’ve given you all my hours
When I had the chance
Taken you to every party
Cause all you wanted to do was dance
Now my baby is dancing
But she’s dancing with another man

My pride, my ego, my needs and my selfish ways
Cause the good strong woman like you to walk out my life
Now I’ll never, never get to clean up the mess I made
Ooh
And it haunts me every time I close my eyes
It all just sounds like “Oooh”
Mmm too young, too dumb, to realize

That I should’ve bought you flowers
And held your hands
Should’ve given you all my hours
When I had the chance
Taken you to every party
Cause all you wanted to do was dance
Now my baby is dancing
But she’s dancing with another man

Although it hurts
I’ll be the first to say
That I was wrong
Ooh, I know I’m probably much too late
To try and apologize for my mistakes
But I just want you to know

I hope he buys you flowers
I hope he hold your hands
Give you all he’s hours
When he has the chance
Take you to every party
Cause I remember how much you loved to dance
Do all the things I should’ve done
When I was your man
Do all the things I should’ve done
When I was your man.

Si amas a alguien déjalo libre…


… y mientras se va, disparale por la espalda, porque si no es para tí ese bastardo no es para nadie. 

Suena a titulo de tarjetita, de esas que te venden en la parada del bondi, pero con el tiempo uno se da cuenta que encierra una gran verdad.

A veces hay que dejar ir. No importa cuanto amor sientas por esa persona, ni que tan especial sea. Ni siquiera importa que sea el amor de tu vida. A veces simplemente hay que dejarlo ir. Confiar en que el tiempo pone todas las cosas en su lugar y que si en última instancia tiene que ser, será.

A veces nos aferramos tanto a alguien, con ese miedo irracional a que las cosas cambien. Pero es tan necesario vivir y experimentar. No siempre se esta listo a la primera. Ni a la segunda… a veces no se esta listo ni siquiera a la tercera. Entonces para encontrar la paz hay que dejar de aferrarse y simplemente dejar que las cosas pasen.

Que si estamos buscando afuera es porque adentro las cosas no son como deberían. Que quisiera vivir mil vidas y solo tengo una. Por suerte somos jóvenes. Por suerte el destino no está escrito. Por suerte todavía hay tiempo de hacer las cosas bien.

Cuando una decisión te asuste, cuando tengas miedo de lo que esta por venir, cuando no sepas si el camino que estas tomando es el indicado, cuando tu mente y tu corazón te griten cosas opuestas… tenes que evaluar dos cosas: el daño que podes causarte, y el daño que le vas a hacer a otros con tu decisión. Suena fácil pero es más difícil de lo que parece. Muchas veces hacemos cosas que no queremos por proteger a otros. Nunca se hace más daño que cuando pretendemos evitarlo.

Igualmente, cuando te preguntes si hiciste lo correcto… te vas a dar cuenta solo. Te va a invadir una paz que hace tiempo no sentías. Una alegría de saber que por fin la pegaste. La vida no viene con un manual de instrucciones. Pero a fuerza de pruebas y errores aprendemos. Lo importante no es mandarse una macana magistal, lo importante es darse cuenta a tiempo, y aprender de ello.

Hoy estoy en paz. Una paz que me llevó tiempo alcanzar y conquistar. No quiero que las cosas sean como eran antes. Ya no me aferro a un recuerdo ni a un gran amor. Hoy solté. Con la esperanza de que vuelva? Tal vez. Pero si vuelve será mejor. Será distinto. Mientras tanto me concentro en el hoy. En el momento. En este segundo que es precioso porque estoy en armonía con el universo. Y si no vuelve? Será porque no tenía que darse así. Será porque su camino, no es mi camino. Será porque ya nos enseñamos todo lo que podíamos.

Mientras tanto, la vida sigue. Mientras tanto hay que vivir, hay que caminar, hay que seguir aprendiendo. Te bendigo hoy y siempre.

Que el camino salga a tu encuentro.

Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos.

Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente.

Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.

Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.

Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.

Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.

Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.

Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta. 

Que no conozcas nada más que la felicidad, desde este día en adelante.

Del Miedo y el Rechazo


De todos los sentimientos, el miedo es el más raro y el más peligroso de todos. Es el más raro puesto que cuando nacemos, nacemos sin miedo. El miedo es algo que nos enseñan nuestros padres desde que somos chiquitos para protegernos de los peligros reales o imaginarios que nos rodean. Nadie nos enseña a amar, ni a odiar pero si nos enseñan a tener miedo.

Sin embargo a medida que crecemos superamos algunos miedos y adoptamos otros. Ya no le tememos al monstruo que vive debajo de la cama y podemos dormir con la luz apagada, pero eso no nos hace inmunes a nuevos miedos.

En una película escuche una frase que creo sintetiza un poco el tema este de los miedos: “La gente le teme a lo que no conoce o a lo que conoce y le hizo mal”

Le tememos a la muerte, al dolor físico, al dolor emocional… tememos y el temor es irracional, nos paraliza, nos impide actuar por días que se hacen meses, que se transforman en años.

Tenemos miedo de las cosas que lastiman, de las situaciones, de las palabras y de las reacciones de las personas que queremos. Y es natural, es perfectamente normal temer y buscar una forma de protegernos ante ese dolor que imaginamos que podemos sentir si obramos de determinada manera; pero a veces, la realidad nos demuestra que no hay porque temer.

Entonces el miedo es peligroso, porque en vez de evitarnos el dolor, nos aleja de la dicha del encuentro, nos aleja de la felicidad.

Dentro de esos miedos peligrosos esta el miedo al rechazo.

Desde que somos chicos necesitamos sentirnos queridos y apreciados. Necesitamos saber que la gente que queremos nos quiere. Y de grandes es exactamente igual.

Pero cuando somos más grandes tenemos miedo. Miedo a expresar a viva voz lo que queremos, lo que sentimos, y como nos sentimos, miedo a destruir los vínculos que construimos, o a no poder construir el vinculo que queremos.

Entonces dejamos que el tiempo pase, y no hacemos nada por miedo.

Y un buen día, por casualidad la vida te cruza con esa situación  que tanto temías.

Ahí estas vos, frente a frente con esa persona que tanto te importa, y tenes la oportunidad de decirle todo lo que siempre quisiste decirle. Y en ese momento, justo entonces te das cuenta que no tenes nada que perder, y en un impulso de valentía, casi de temeridad, te enfrentas a ese miedo, y las cosas no son tan malas como pensabas.

Y te das cuenta que esa persona sentía lo mismo que vos y tenia los mismos miedos, y que por el mismo miedo  evito ese acercamiento que vos también evitaste. Y a partir de ese instante, sucede algo mágico: el miedo desaparece y es reemplazado por la felicidad suprema.

Cuando esto pasa renace la esperanza. La escala de valores se modifica radicalmente, y el miedo ya no te paraliza. Aprendes que vivir con miedo no sirve para nada, que la vida es muy corta para andar con vueltas, que la única forma de vivir plenamente es enfrentarnos a lo desconocido con valor, con la frente en alto. Aun sabiendo que puede doler, o que va a doler, es mejor saber, es preferible una verdad a una duda.

Porque tal vez, te lleves una sorpresa y las cosas sean infinitamente mejor de lo que pensabas.

 

 

 

De Temblores y Remolinos


Estábamos en la terraza del edificio. Aun me pregunto, como el Maestro logro que subieran el piano de cola hasta ahí, pero ya me había acostumbrado a esas excentricidades.

No recuerdo que celebrábamos esa noche, pero debía de ser algo importante ya que el Maestro y todos los presentes llevábamos nuestras mejores galas.

La velada había transcurrido tranquila mientras el maestro bebía  su whisky y charlábamos de cosas sin importancia. La tranquilidad, el ambiente de relajación se vio interrumpido, de repente por  el sonido de una conocida canción desde un estéreo del edificio colindante.

Ahí nomas el Maestro dejo su  vaso casi vacío sobre el piano, se calzo su Gibson Les Paul, la conecto al amplificador y en cuestión de segundos, comenzó a desgajar las notas de Sweet Child Oh Mine sin siquiera arrugarse el esmoquin que vestía.  Trabajar para el ya era fantástico, pero escucharle tocar era un regalo precioso. Así que le acompañe en el piano lo mejor que pude, mientras los sonidos del estéreo se perdían ante la fuerza que le imprimía el maestro a cada nota. Luego como si nada hubiera pasado, el Maestro se sentó y encendió un puro contemplando las luces de la ciudad.

Sonó el timbre. Como lo escuchamos o porque, aun no lo comprendo (porque estábamos en la terraza, y ningún timbre suena en la terraza) pero teníamos que bajar a abrir ya que el portero automático no funcionaba.

En el ascensor pensé en el momento extraordinario que te acababas de perder. Podrías haber subido a tomar aire a la terraza, para desembotar tu mente de los libros y los exámenes, y solo Dios sabe porque no lo hiciste, porque todo hubiera sido más fácil entonces, si hubieras estado allí. Pero no estabas.

Ella era bonita, y por supuesto venia a ver al Maestro. Algo en ella, me recordó vagamente a mí, de alguna forma me sentí identificada con ella aunque nunca antes la había visto en mi vida. De donde la conocía el Maestro era imposible saber ya que él era muy reservado con su vida privada. La hice pasar al hall del edificio, y la acompañe al ascensor, ella se mostro cordial aunque tímida, y en las manos traía una botella de whisky de aspecto completamente normal. Supuse que era un regalo para el Maestro. El recibía muchos regalos.  Mientras esperábamos el ascensor note que la bebida de la botella no era whisky de verdad, tenía un color muy claro como el champagne, y lo que más me asombro es que cuando se agitaba levemente su contenido, este simplemente formaba un remolino dentro de la botella y tomaba un color borgoña. Me hubiera gustado preguntar pero no lo hice. Mi trabajo exigía demasiada discreción.

Cuando llegamos arriba el Maestro estaba tocando el piano. Nadie lo interrumpió. La muchacha simplemente se sentó sobre el piano y lo admiro tocar (con la botella apoyada a su lado), hasta que termino. Se saludaron como viejos amigos, y no sé que más paso puesto que el timbre volvió a sonar.

Baje y en este caso fue Paul el que llego. Paul era amigo del Maestro desde que yo me acordaba, así que ya existía cierta confianza entre nosotros. Estábamos en la puerta del ascensor, esperando que este llegara y oímos el primer temblor. Y digo lo oímos porque, más que el movimiento, más que el bamboleo, se produjo un ruido sordo que paralizo todo.

No sé bien como, porque no recuerdo haber traspasado las puertas hacia afuera, pero de pronto me encontré viendo la fachada del edificio, y para mi horror y el de Paul, como si alguien hubiera blandido un cuchillo invisible, la planta baja fue cortada horizontalmente a la mitad por una grieta.

Después todo pasó muy rápido, tenía que correr hasta donde estaba el Maestro, tenía que encontrarte, asegurarme que estuvieras a salvo, tenía que correr y ponerme a salvo. A pesar de mi instinto de salvarme, entre al edificio y corrí 22 pisos por las escaleras hasta la terraza.

A pesar de que visto desde afuera, el edificio iba a colapsar de un momento a otro, adentro, la situación era mucho menos caótica y casi diría surreal. Parecía que unos pocos moradores habían escuchado el temblor. Esos huían despavoridos. Pero el resto actuaba con completa normalidad, al igual que el Maestro. Cuando llegue arriba, el seguía fumando su puro como si nada hubiera pasado mientras charlaba animadamente con la muchacha. Le explique la situación con el poco aliento que me quedaba, mientras él me escuchaba inmutable y le daba otra pitada al puro. Cuando termine y casi le grite que teníamos que salir de allí, el Maestro solo me sonrío y dijo que se quedaría, y me pidió que acompañara a la muchacha abajo. Ella había mostrado exactamente el mismo desinterés que él mientras escuchaba mi relato y fue un alivio que al menos ella accediera a abandonar lo que con toda seguridad se convertiría en zona de desastre.

Sin embargo no me la iba a hacer fácil. Insistió en bajar por el ascensor mientras a mi casi me da un ataque, pero una vez abajo se marcho sin mirar atrás llevando la misteriosa botella con el liquido que cambiaba de color en sus manos.

No había terminado de marcharse cuando te volviste mi prioridad. Debía encontrarte, y sacarte de allí. El problema es que no sabía a dónde estabas exactamente. En tu departamento seguro que no, siempre decías que te aburrías allí. Así que subí al 5to, te encantaba pasar un rato con los muchachos que vivían en el B, porque eran unos excelentes creativos.

Nada más entrar y un humo denso y dulzón me envolvió. Ahí estaban los muchachos del 5to, entre computadoras, proyectos y maquetas como todas las noches. Y parecía que el humo les había afectado el cerebro porque permanecían completamente ajenos a que el edificio podía colapsar. No alcance a terminar de decirles lo que pasaba cuando una sensación de paz me invadió. De repente me encontré charlando con ellos animadamente, escuchando sus historias, viendo los videos de sus proyectos. Era como si en ese departamento hubiera pasado a otra dimensión, una más feliz y sin preocupaciones. No sé cuánto tiempo estuve con ellos, pero de repente un pequeño remezón  me recordó que debía salir de allí y buscarte.

Cuando salí, la luz del sol ya había empezado a colarse a través de las ventanas del pasillo de 5to piso. Me hubiese gustado detenerme a pensar sobre lo ilógico de que aun el edificio no se hubiera desplomado, pero ese pequeño milagro me era grato, sobre todo si me permitía sacarte de la zona de peligro. Aunque claro, podría haber pasado que ya estuvieras afuera, mirando con horror como el bloque de departamentos se bamboleaba.

Volví a bajar las escaleras casi corriendo. En el camino me crucé con la señora del 2 A que subía, lo más tranquila, con el diario bajo el brazo. Me empecé a cuestionar si de verdad los temblores eran reales, o tal vez yo estuviera alucinando. Parecía poco probable pero de todos modos era mejor asegurarse.

Cuando llegue abajo, y salí afuera, el sol me cegó. Parpadee unos segundos bajo la brillante luz mientras me volvía para ver con más claridad cuáles eran los daños en la estructura.

Y ahí estaba tal cual la había visto la noche anterior, una gran grieta cortaba la planta baja horizontalmente por la mitad, y los demás pisos hacían equilibrio sobre ella, desplazándose hacia adentro de a poco. Mire a mi alrededor, alguien más tendría que ver lo mismo que yo veía. Bajo la sombra de un árbol en la vereda estaba Paul, y la muchacha de la botella misteriosa. Ellos si lo veían, igual que un puñado de transeúntes. Sin embargo, nadie había llamado a la policía ni a los bomberos ni a nadie. Ahora me doy cuenta de eso.

No me detuve a hablar con ellos, tenía que volver y sacarte porque afuera no estabas. Fui a tu departamento con la esperanza de que estuvieras, y no estabas. Estaba tan perdida. No sabía a dónde buscarte, ni como localizarte y eso me estaba poniendo muy nerviosa. Eso y el grupito de niñas tontas del 1 C que se reían a carcajadas mientras salían apuradas para no llegar tarde a un baile escolar.

Ya no sabía qué hacer. Si algo te pasaba… no, no era bueno ni sensato pensar en eso, mejor seguir buscando. La forma más rápida era recorrer piso por piso departamento por departamento, y para eso debía empezar por la planta baja, así que volví al hall principal. La música de un saxofón me distrajo. Por la puerta abierta del hall, llegaba la música del instrumento ejecutada por uno de esos artistas callejeros que abundan en la ciudad. Un pequeño círculo de personas lo rodeaban, admirándolo. Algunos le dejaban dinero, otros simplemente lo escuchaban embelesados. Mientras tanto el edificio seguía temblando y nadie parecía notarlo, aunque después de cada temblor algunas personas se iban apuradamente.

Después de que termine de revisar toda la planta baja, justo cuando cruzaba el hall nuevamente para tomar las escaleras, te vi.  Ese momento transcurrió casi en cámara lenta. Fue verte, ver que estabas bien, y que justo en ese momento estallaran los vidrios. Te cubriste el rostro por instinto y yo corrió hacia ti los escasos metros que nos separaban entre el vidrio que caía tintineando sobre el suelo. Te abracé, y casi como por inercia hiciste lo mismo, mientras nos apresurábamos a la salida.

Nos sentamos bajo el árbol de la vereda. Tenías un corte en la mano derecha que sangraba bastante. Me dijiste que tenías vendas en el departamento y me diste las llaves. Yo no lo dude. Y ahora que lo pienso, no encuentro razón lógica por la que hice lo que hice, aunque supongo que la lógica no se aplica a esos momentos de tensión y desesperación. Volví a entrar corriendo, busque lo necesario y salí nuevamente como una flecha.

Cuando termine de curarte y me asegure que la herida ya no sangraba, me di cuenta que no me habías dejado de mirar fijamente todo el rato, como queriendo formular una pregunta que no te animabas a hacer. Había estado tan preocupada, tan ocupada buscándote que olvide que al fin y al cabo éramos simples conocidos. Amigos, de amigos en común. Personas que con suerte habíamos coincidido en una que otra cena o reunión. Y ahí estaba yo curándote la mano como si se me fuera la vida, poniendo mi propia vida en riesgo para poder curarte. Claramente tenías algunas cosas que preguntarme. Sin embargo, no lo hiciste. Simplemente me miraste, y no sé si por el estrés de las últimas horas o el cansancio o la sola idea de perderte, pero comencé a llorar, sin querer, sin poder contener las lagrimas.

Entonces me abrazaste, un poco para consolarme, pero sin disimular la sorpresa por mi reacción. Me preguntaste que me pasaba, porque me ponía así, si lo peor ya había pasado. Me deshice de tu abrazo y te mire:

–          Si te pasa algo, me muero – te dije

Y me miraste sin comprender porque, y luego poco a poco te diste cuenta de todo. Tus ojos reflejaron el momento en el que la comprensión de mis actos te llegaba, casi como una epifanía. Luego tu mirada cambio. Me miraste como nunca antes me habías mirado y como siempre había querido que lo hicieras.  Y sonreíste. Y comenzaste a acercarte sin dejar de mirarme, despacio, como queriendo alargar el momento. Tus intenciones eran claras, y yo no quería que el momento terminase nunca, en esa fracción de segundo en la que estabas cada vez más cerca y mi mirada se fundía de tal forma en tus ojos, como esmeraldas liquidas…  que me pareció ver en tus pupilas un remolino, fugaz, casi imperceptible…

Y entonces todo desapareció.

 

caramelo-remolino-caramelo-marrón

 

EPILOGO

Seguí mirando el remolino hasta que de a poco fui tomando conciencia de que no era el mismo. El liquido cambiaba de color con cada giro como siguiendo un ritmo. Despacio, las notas que emitía el Maestro desde el piano, se colaron por mis oídos, despertándome del trance en el que me encontraba. No podía dejar de mirar el remolino, era tan relajante, tan misterioso, tan inexplicable. Me obligue a dejar de mirarlo, y la escena comenzó a volverse más nítida ante mis ojos. La misma terraza, el piano, el Maestro tocando. Y la muchacha. Ahí estaba ella, sentada sobre el piano, y a su lado la botella del líquido remolinante. Busque sus ojos en una muda suplica de explicaciones. Ella solo me sonrió mientras la melodía del Maestro se apagaba gradualmente. Entonces lo entendí. Acto seguido, sonó el timbre. Mejor bajar a abrir, no quería hacer esperar a Paul.

 

Química (parte 5) Lo previsible


Capítulos anteriores:

Química 1era Parte

Química 2da Parte

Química 3era Parte

Química 4ta Parte

Tres semanas. Solo tres semanas faltaban para el estreno y el momento de la verdad.

Estaba ansioso, y expectante, aunque la vida facultativa no me estaba dando respiros. Época de entrega de prácticos, de informes, de ensayos, de proyectos. La verdad es que estaba exhausto pero feliz. Los últimos días habían sido una locura, corriendo para entregar todo a tiempo, ajustando los últimos detalles, sin embargo no me quejaba. Nicolás en cambio si se quejaba y mucho.

En el último tiempo Nico ya no se mostraba tan comprensivo con el asunto de Angie. Desde que la había incluido en nuestro grupo de trabajo para ayudarla, los conflictos entre ellos no cesaban de crecer. Es que el no lograba entender porque yo me hacía cargo de la mayor parte del trabajo de ella, ni porque era tan comprensivo con sus ausencias a causa de los ensayos. Más de una vez lo escuche quejarse de que Angie nunca estaba en las reuniones de grupo y que iba a terminar llevándose el crédito casi de  “arriba”. Sin embargo, utilizando toda mi fuerza de persuasión con Nico logre que un clima “aceptable” de trabajo, y las veces que coincidíamos los tres, el evitaba mencionar a regañadientes su malestar.

Mientras tanto, los ensayos de Angie la mantenían ocupada casi todo el tiempo. Ya casi no nos veíamos en la facultad, excepto cuando era estrictamente necesario. A pesar de eso todo seguía como de costumbre.

Ese viernes después de entregar una monografía particularmente larga, y dar por concluida la etapa de terror de las entregas, todo el curso estaba muchísimo más relajado. Las semanas siguientes se vislumbraban tranquilas y despejadas, y eso creaba una sensación de júbilo general que era contagioso. No falto quien sugirió ir esa misma noche a la fiesta de la facultad de agronomía para festejar que el infierno de prácticos había terminado. Sin embargo yo solo quería llegar al departamento y dormir tres días corridos y de un solo tirón. Así que me fui a dormir una larga siesta sin ninguna intención de salir a ningún lado esa noche.

Apenas había dormido unas horas cuando me despertó el sonido del celular. Era Nicolás, que estaba en la fiesta de agronomía y quería que fuera. Le dije que no tenía ganas y que estaba cansado pero no desistió. Después del quinto mensaje de texto, estaba a punto de apagar el celular y aventarlo a la otra punta de la habitación, pero que más daba, ya estaba despierto y Nico no me iba a dejar en paz. Así que antes de pensarlo mucho más, me cambie de ropa y me fui a la dichosa fiesta.

La noche era fresca, pero ya se sentía en el aire la tibieza de la primavera. Cuando llegue, había muchísima gente dentro y en los jardines de la facultad. La música inundaba todos los rincones y en la penumbra de los farolitos de papel, colgados entre los arboles empecé a divisar los rostros conocidos de algunos de mis compañeros.

No tarde mucho en encontrar a Nico. Ahí estaba el, con su novia y varias de sus amigas charlando animadamente bajo algunos árboles cerca del edificio principal. No tardo en presentarme a las chicas, no sin dedicarme varios guiños que me resultaron bastante molestos. En el último tiempo a Nico se le había metido en la cabeza que necesitaba conocer a alguien para curarme de Angie de una vez por todas. Y fue entonces que caí en la cuenta de la emboscada en la que había caído. Pero ya estaba ahí y que podía perder. Luego le diría unas cuantas cosas a Nico por ponerme en esta incómoda situación. Así que me integre a la charla, no tenía opción. Una de las chicas, creo que su nombre era Ana, era muy sociable y divertida, y no tardamos en entablar conversación animadamente. Ella era compañera de la novia de Nico y al cabo de un rato, al ver que mágicamente los demás se habían esfumado, me confesó que a ella también le habían tendido una trampa. Hacía poco se había separado de su novio, y su amiga se había propuesto que consiguiera una nueva pareja, por lo que la situación la hacía sentir un poco incomoda. Le dije que no se preocupara. Que Nico me había emboscado también y que podíamos simplemente seguir charlando como si nada pasara, ya que al menos nos caímos bien. Bailamos un rato, y le dije que iría a buscar unas bebidas adentro del edificio.

Mientras me dirigía adentro pensaba en la forma de poder escabullirme de la fiesta lo más rápido posible. No es que hubiera algo mal con Ana. Lo estaba pasando bien con ella, y ninguno de los dos esperaba nada del otro, lo cual era un alivio. Pero de verdad estaba cansado y extrañaba mucho a Angie. Me hubiera gustado que fuera ella y no Ana, la chica que esperaba que le llevara una bebida.

Adentro estaba en penumbras. La luz negra y la bola de espejos que habían colocado para la ocasión brindaban la poca iluminación del lugar. Al fondo del hall central, estaba la barra. Me dirigí a ella sumido en mis pensamientos, esquivando a la gente que se movía al ritmo de la música. No tardaron en darme las bebidas, y justo cuando estaba por irme la vi.

No sé que me hizo mirar hacia allí, no había nada inusual, nada fuera de lo común, nada diferente de lo que pasaba en muchos otros rincones del salón. Sin embargo no pude evitar clavar mi mirada en la pareja que se encontraba a escasos metros de mí. El era alto, como yo; tenía el cabello castaño muy claro, y buenos músculos que se dejaban ver a través de la remera que tenía puesta. No podía ver bien su rostro ya que estaba inclinado besando a una chica. Sus brazos se envolvían en la cintura de ella y la atraían fuertemente a él. No podía verle el rostro, ya que estaba de espaldas, pero de alguna manera supe que la chica era Angie. La había mirado suficientes veces para poder reconocerla aun en la penumbra del lugar. Sin embargo me resistía a creer que fuera ella. Tenía que haber un error. Me quede ahí clavado, como hipnotizado mirando la escena que se desarrollaba frente a mis ojos, buscando una explicación lógica, un indicador que me dijera que eso no estaba pasando. Pero solo una mirada a su alrededor me basto para comprobar que lo que veía era real. A unos metros de la pareja, estaba Silvi con unas amigas, contemplando de soslayo la misma escena que yo veía y lanzando risitas tontas que se ahogaban con el sonido de la música. No había dudas, la chica de mis sueños estaba ahí, abrazando y besando a otro.

Como por inercia empecé a acercarme, estaba casi al centro del salón cuando el vaso de cerveza se estrello en el suelo con gran estrépito. Hija de puta le  grite ante su mirada atónita, di media vuelta y me fui.

No. Eso no paso. Pero me hubiera encantado que pasara. Sin embargo, solo me quede apenas unos minutos más contemplándola, sintiendo como mi corazón se hacía pedazos por dentro. Cuando reaccione, volví a salir. Me encontré con Ana que se estaba preocupando por mi demora, le deje los vasos y me fui sin dar ninguna explicación.

Quería desaparecer. Quería que la tierra se abriera y me tragara. Quería arrancarme el corazón del pecho para poder verlo  hecho pedazos frente a mí. Pero no podía hacer nada de eso, así que solo corrí. Corrí como nunca había corrido. Las calles que recorría cada día se transformaron en un borrón que apenas divisaba por entre las lágrimas que amenazaban salir y que me quemaban los ojos. Corrí sin detenerme, sin pensar, hasta que por fin llegue a mi departamento.

Ya nada tenía sentido. Ni mis decisiones, ni las  discusiones con Nico, ni nada. Aunque era previsible, aunque yo supiera que eventualmente eso podía pasar en cualquier momento, ahora tenía la prueba irrefutable.

No importaba ya que tan bueno fuera, o las cosas que hiciera, había perdido a Angie para siempre.

amor

Química (Parte 4) La decisión


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Química 1era Parte

Química 2da Parte

Química 3era Parte

Las tres de la madrugada. Otra vez el insomnio. Mil pensamientos, mil ideas daban vuelta en mi cabeza  y no  me dejaban dormir. Mirar el techo, pensar en ella, imaginar mil situaciones absurdas. Esto no podía seguir así. Pero aunque las cosas no podían seguir así no se me ocurría nada bueno para cambiarlo.

Habían pasado mas de un año desde que me di cuenta lo que sentía por ella, y durante ese año había pasado del cielo al infierno todas las noches.

El cielo eran los recuerdos, su risa, su mirada y todas las trivialidades del día. Pensar en ella me hacia sonreír en la oscuridad, me ponía como en una especie de nube de felicidad y porque no en una nube de estupidez que ya estaba llegando a limites peligrosos. Pero después de eso venía el infierno. Aquello en lo que no quería pensar y sin embargo me mantenía despierto. Todo era maravilloso excepto por un detalle: Angie era mi compañera, mi amiga, y no se me ocurría la manera de hacer que eso cambiara. Va en realidad sabía que mis opciones no eran muchas. O me arriesgaba y simplemente le demostraba mis sentimientos o dejaba todo tal cual estaba y me contentaba solo con su amistad.

El gran problema es que no quería hacer ninguna de las dos cosas. No tenía el valor suficiente para invitarla a salir, me faltaban las agallas y no estoy orgulloso de eso. Siempre fui tímido, bastante introvertido y sinceramente no  creía que existieran posibilidades de conquistarla. Ella era demasiado perfecta para fijarse en mi, era demasiado como un sueño inalcanzable. Demostrarle mis sentimientos y perderla era un riesgo demasiado grande que no estaba dispuesto a correr.

Dicen que quien no se arriesga no gana, pero yo no podía arriesgarme. Por primera vez, me importaba alguien además de mi mismo de verdad. Incluso, había tenido la oportunidad de decirle todo y la había dejado pasar… no tenía los huevos suficientes para ser sincero.

La otra opción – la de dejar todo como estaba- era la más viable, yo no perdía su amistad ni su confianza. Pero ¿durante cuánto tiempo podía ser capaz de ocultar mis sentimientos por ella? Y lo que era peor, ¿Cuánto tiempo más me iba a seguir torturando, como esta noche de insomnio, pensando en ella?

Mis amigos, además de decirme que era un pelotudo, me dijeron que tenía que encararla u olvidarla. ¿Cómo demonios la iba a olvidar si la veía todos los días?

Estaba empantanado, otra vez… a las tres de la mañana. Preguntas, y más preguntas me surgían.

¿Había tomado el camino correcto o me había equivocado completamente? Todo lo que hice, o mejor dicho lo que no hice durante el último año, parecía conducirme a este callejón sin salida. Estaba frustrado, y ya estaba cansado de sentirme así, necesitaba una respuesta o una salida y la necesitaba con urgencia.

Me tire otra vez en la cama, necesitaba repasar en mi mente otra vez todo lo sucedido, tal vez pudiera convencerme de que estaba en lo correcto y por fin podría dormir.

Después de la fiesta, me sentí como el idiota más importante del universo. No solo que no le había dicho nada a Angie, sino que además  había compartido el secreto con alguien más y eso era imperdonable. Yo confiaba en Silvi, de alguna manera sentía que ella iba a respetar mi deseo y que no le diría nada a Angie, pero ¿Cómo estar seguro? Al fin y al cabo ellas eran amigas, era completamente lógico que Silvi se lo contara. Y yo necesitaba asegurarme de que Silvi cumpliera su palabra. Pero ¿Cómo podría hablar con ella? Me parecía completamente extraño invitarla a tomar un café, así de la nada… no podía hacerlo. Sin embargo ella me soluciono ese problema y un día, charlando, quedamos en juntarnos a tomar un café.

Al principio la charla fue bastante trivial, mientras por dentro me moría de ganas de preguntarle si se acordaba de lo que yo le había contado. De alguna forma inocente, pensaba que tal vez, solo tal vez, el alcohol podría haber borrado los recuerdos de aquella conversación en el jardín. Silvi de a poco introdujo el tema de la fiesta, y aunque se había olvidado de varios detalles de la noche, para mi desgracia si se acordaba de mi confesión.

Hablamos bastante de Angie, y de pronto me encontré contándole cosas que nadie sabía, había algo en Silvi, algo que me inspiraba confianza en contra de toda la lógica. Podría haberme retractado, podría haberle dicho que era mentira, que estaba borracho… y sin embargo ahí estaba yo, contándole como me había enamorado de su amiga y como era tan cobarde para decírselo. No sé porque, pero sentía que de todas las personas del mundo Silvi era la única que entendía lo que me pasaba.

Después de la conversación yo solo quería llamarme a silencio. Las cosas de repente estaban demasiado revueltas. Yo había desnudado mi alma delante de Silvi, y aunque confiaba en ella siempre existía la posibilidad de que ella se lo dijera a Angie. Lo mejor era entonces seguir en silencio, ser ese amigo y solo ese amigo que Angie veía cuando me miraba.

Y así fueron  pasando los meses, mientras la jugaba de 4 de copas porque lo único que quería era que todo se tranquilizara. A veces sentía que Angie lo sabía, que de alguna forma lo sabía, pero yo me mantuve en mi papel, sin dar absolutamente ninguna señal, o al menos eso creía.

Un día estábamos en la parada del colectivo con Angie, como siempre, y ahí empezó ella a hablar, como a menudo hacía, de sus problemas existenciales y su falta de pareja, y yo para variar me porte como ese paño de lágrimas no derramadas que siempre era.

Y justo entonces se le ocurre preguntarme si yo no estaba saliendo con nadie, si no me gustaba alguien… Yo no sabía que decirle. No podía decirle la verdad.

Decir: “No, no salgo con nadie porque estoy enamorado de vos”

No era correcto, no podía, aun no era el momento, así que le conté una verdad a medias.

Le dije que no salía con nadie, pero que me gustaba una chica y empecé a describírsela. Ese momento fue el más confuso que me toco vivir, yo describía a esta chica, diciendo la verdad, describiendo a la misma Angie que estaba frente a mí y me preguntaba. Y ella no se dio cuenta, y a mí no me entraba en la cabeza como podía no darse cuenta de que la estaba describiendo a ella, que mis palabras eran un espejo de ella. Pero ella me creía que había una chica, que se llamaba Irene y me preguntaba por ella con un interés tan genuino que me dejaba sin palabras.

Muy poco y casi nada paso después de eso. Los días pasaron, rutinarios, aburridos, iguales. Cada tanto Angie preguntaba por Irene y yo me ponía nervioso y contestaba con evasivas.

Sin casi darme cuenta llegaron las vacaciones de verano y yo tuve que volver a mi casa en el interior. Cualquiera podría pensar que estando tan lejos, que habiendo cruzado las  fronteras del amor yo podría olvidarla pero no fue así. Mientras más lejos estaba de Angie, mas la recordaba, mas la extrañaba, y si acaso era posible la amaba más. Esos tres meses fueron los más largos de mi vida. Y aunque mucho no hablábamos, supe que las cosas con su compañía de teatro estaban mejorando notablemente, que recibían invitaciones para actuar en diferentes teatros, que su carrera iba en ascenso. Y eso me ponía muy pero muy feliz.

Cuando  al fin llego marzo y empezamos las clases  volví a verla. ¡Cuánto la había extrañado!

Estaba tan contento de volver a verla, estaba tan contento del éxito que tenia con el teatro, estaba muy feliz. Académicamente me ofrecí a ayudarla. Ella necesitaba cada minuto libre que tenía para ensayar, y a mí no me importaba trabajar con ella, ya que eso me daba una escusa más para poder verla. En algún rincón de mi mente, me preguntaba cuándo llegaría el momento en el que abandonara la facultad ya que parecía que con su vocación artística le iba bastante bien, y sin embargo me alegraba mucho de que no lo hiciera.

Las cosas con el teatro de verdad funcionaban, y yo  era muy feliz por ella, hasta que empecé a notar que la fama le hacía recibir halagos y conocer gente, mucha gente nueva. De pronto ella empezó a ser más consciente de su propia belleza y a mí me empezó a aterrar la idea de perderla.

Ya estábamos en agosto y empezaron los ensayos para la nueva obra, una comedia musical. Angie  tenía uno de los papeles principales y yo estaba seguro que iba a brillar una vez más. Ya le habían hecho entrevistas de varios medios pequeños y no tan pequeños. La obra estaba generando grandes expectativas en el público y en mí.

Y esa era la situación que me mantenía despierto. En solo un mes seria la obra. Si las cosas salían como se esperaba, la obra la iba a catapultar como actriz y eso era genial para ella. Y yo quería lo mejor para ella, pero no podía evitar darme cuenta que cuanto mejor le fuera más posibilidades tenia de encontrar eso que siempre había estado buscando. La sola idea de verla con alguien me resultaba horrible y devastadora.

Entonces lo decidí. De repente, todo se acomodo en su justo lugar. Y la respuesta me pareció obvia desde el principio. Yo no podía arriesgarme a perderla, no podía correr ese riesgo, o al menos no iba a correr ese riesgo. La situación estaba en ese punto límite en el que tenía que hacer algo si o si.

La decisión estaba tomada. Tendría que hablar con ella, contarle toda la verdad después del estreno.

amor

Química (Parte 3) “La fiesta”


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Química 1º Parte

Química 2º parte

“Si buscabas el momento adecuado, ese era”

Fuimos casi los últimos en abandonar el teatro, así que cuando llegamos a la casa donde sería la fiesta, estaba casi a tope. La casa se encontraba a solo unas cuadras de  la sala, y a primera vista era bastante espaciosa y estaba rodeada de unos amplios jardines. Ya en el interior, en la sala, se había improvisado la que sería la pista de baile, y un moderno equipo de música emitía los atronadores acordes de la canción del momento en la penumbra de la habitación apenas iluminada. Sin embargo, ella, Angie, se dirigió directo a la cocina por lo que Nico y yo la seguimos. No conocíamos a casi nadie de los  presentes pero eso no nos importaba mucho, o al menos a mi no me importaba mientras Angie estuviera ahí. La cocina era pequeña pero acogedora, algo en ella hacía que estuviera siempre llena de gente que entraba, salía y volvía a entrar.

Empezaron a circular litros de alcohol, de todas las variedades y sabores. Yo elegí algo ligero puesto que no tenía ninguna intención de emborracharme y además el recuerdo de mi malestar matutino aun me acompañaba y concretamente no quería arruinarlo todo. Angie y Nico bebían de una manera casi que temeraria, y me sorprendió descubrir esa faceta de ella.

Si bien debía haber más de cincuenta personas en la casa, Angie se quedo en la cocina con nosotros y dos de sus amigas durante casi toda la noche. Nos reíamos, charlábamos y bebíamos.  Frecuentemente llegaba alguien más a la casa, y pasaba saludando a los presentes, se detenía un momento en donde estábamos, intercambiaba algunos elogios con Angie y proseguía su camino hacia el patio para saludar a los demás.

Promediando la una de la madrugada, llego una nueva oleada de gente, amigos de los protagonistas de la obra. Entre los que llegaron estaba Silvina. Nos habíamos conocido hacía ya tiempo por intermedio de Angie. Silvina estudiaba diseño y era una de las mejores amigas de Angie. Nos caíamos bastante bien, y yo por lo menos sentí bastante alivio de ver otra cara conocida. Silvi se unió a nuestro pequeño grupo y a mí se me daba bastante bien hablar con ella, al punto que por momentos nos enfrascábamos en nuestra conversación sin prestar atención a nada más. En medio de eso, note que Angie se encontraba bastante dispersa de lo que sucedía a su alrededor y en pocos minutos supe la razón. Entre los presentes había un flaco, no recuerdo bien su nombre, pero ella, bueno a ella le gustaba el flaco.

Eso me cayó como una bomba pero trate de mantener la compostura. No me podía amargar por algo que era inevitable, aunque cuando cruzamos la mirada con Nico, pude leer en él la comprensión y hasta un dejo de lastima involuntaria. Yo estaba molesto, enfadado con el mundo y no podía hacer nada al respecto. Sentía que la pequeña cocina hasta el momento acogedora me asfixiaba, así que salí al patio, con el pretexto de fumar un cigarrillo, con Silvi que no se había dado cuenta por suerte de lo que me pasaba.

No sé cuánto tiempo estuvimos afuera. Caminamos en torno a la casa mientras charlábamos, y veíamos como algunos de los invitados se bamboleaban bajo los efectos del alcohol entre los arboles del amplio parque. Afuera estaba bastante frío, la noche era clara y la luna casi llena brillaba sobre nosotros, que cansados de caminar nos sentamos en el pasto cerca de la entrada. De alguna manera toda la situación me parecía surreal. Estaba ahí, afuera charlando con Silvi, hablando de la vida, la facultad, los problemas y nuestros proyectos particulares mientras adentro Angie podía  estar teniendo un golpe de suerte con el flaco que había aparecido para arruinarme la noche.

No sé cómo pasó pero de repente me encontré en medio de una conversación sobre las desgracias amorosas y que en definitiva el amor apesta. Silvi me contaba sus desventuras y yo no podía más que darle la razón, el amor apestaba. Y lo olvide. Olvide que Silvi era la mejor amiga de Angie, olvide que nadie debía saberlo, Silvi me inspiraba tanta confianza, que le confesé que aquella que me robaba el sueño era Angie. Ella prometió que no se lo diría, le conté un poco como venía la mano, y como  me había pegado bajo, el tema del flaco que le gustaba. No hablamos mucho más porque apareció Nico y Angie que de pronto habían notado nuestra ausencia y se preguntaban a donde nos habíamos metido. Volvimos adentro, mientras Angie hacia algunas bromas insinuando que entre Silvi y yo había pasado algo, lo cual a mi me divertía y me irritaba en partes iguales, pero al fin y al cabo, bien podría haber pasado.

Alrededor de las 5 de la mañana la casa se fue vaciando poco a poco. Silvi se fue con algunas amigas más y solo quedaba un puñado de personas en la sala/pista de baile. Angie bailaba al ritmo de la música y yo me esforzaba por seguirle el ritmo torpemente, aunque ella no  parecía notarlo. Llegados a ese punto ya casi no me acordaba de mi enojo temprano y simplemente disfrutaba de esos últimos momentos que la noche me brindaba. Angie quiso salir a tomar aire y la acompañé.

Nos sentamos bajo la amplia galería que daba al patio mientras compartíamos una botella de agua, que era lo único que había quedado para beber. No había nadie. Estabamos solos mirando la noche, que en unas horas se convertiría en un nuevo día.  Yo no sabía muy bien que decir así que volví sobre el tema de la obra y del éxito y de las próximas funciones, porque seguro las habría. Ella se mostro complacida, feliz por el pequeño pero importante triunfo en eso que le encantaba, pero al poco tiempo se empezó a lamentar de su deplorable vida sentimental.

–  Casi todas mis compañeras de elenco tienen pareja o al menos tienen éxito con los flacos… y a mí? A mí solo me buscan pendejos que no acabaron la secundaria… ¿qué es lo que está mal en mi?

Yo me perdí un poco en mis propios sentimientos. Me hubiera gustado decirle tantas cosas. Confesarme ahí mismo. Decirle lo que sentía por ella desde hacia tanto tiempo. Decirle que no había nada de malo en ella porque era perfecta. Con su risa contagiosa, su sentido del humor sarcástico, su adicción al Candy Crush, su mirada y sus silencios introspectivos cuando tenía un problema. Pero la cobardía fue más fuerte.

–  No hay nada de malo en vos. Seguro que ya te llega el momento. No te pongas mal son etapas. Capaz que ahora tenes que esperar porque después va a venir algo muy bueno para vos.

Ella continuaba frustrada, y mis palabras no le habían servido de consuelo. Continúo quejándose de lo injusto de la vida mientras yo libraba una batalla interna conmigo mismo entre mantenerme en el papel del amigo y ahora confidente, y decirle todo lo que tenía atragantado en la garganta. Las palabras pugnaban por salir y yo luchaba por mantenerlas dentro de mí.

–  Te entiendo – le dije- pero quizás es que aun no te das cuenta. Fijate, por ahí tenes que mirar un poco más a tu alrededor. Capaz que a tu alrededor esta eso que tanto buscas y no logras encontrar.

Ella no noto lo que estaba escondido detrás de mis palabras, pero no importo. Volvimos adentro, y al rato nos fuimos. Ya estaba amaneciendo cuando tomamos el colectivo. Ella se bajo antes que yo y me agradeció por haberme quedado.

Yo solo podía pensar en que había perdido mi oportunidad y eso era imperdonable.  Porque si había estado buscando el momento adecuado, ese momento, ahí en la galería lo era y yo lo había dejado pasar.

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Química (parte 2)


Si no leíste la primera parte clic acá: Química 1º Parte

Los últimos días del otoño, ya daban muestras del crudo invierno que llegaría en solo unas semanas.

Caminaba solo, y el viento frio a mí alrededor buscaba de alguna manera persuadirme de  volver rápido a casa, sin embargo, podía darme el lujo de andar como paseando entre los árboles del parque: la mirada de ella aun mantenía tibio mi corazón.

Como cada miércoles nos habíamos despedido en la parada del colectivo, bajo la trémula luz del alumbrado público. Hacia unos meses me había dado cuenta de lo mucho que me gustaba ella y de la mezcla de sensaciones que me producía despedirme cada miércoles de ella. Por un lado me sentía algo triste porque no la vería sino hasta el lunes y ese ya era demasiado tiempo sin ella; por otro cuando se despedía, por un segundo me podía perder en el mar de sus ojos, sin tener que decir nada, en medio del apuro de ella por tomar el colectivo.

Así eran las despedidas de los miércoles, pero este miércoles particular tenía algo de especial. Este fin de semana podría verla en un espacio totalmente nuevo y alejado de la vida facultativa: este fin de semana estrenaba su obra de teatro y claro, yo no me la iba a perder por nada del mundo.

Ella estaba tan entusiasmada con la obra, cuando hablábamos de eso, podía notar cómo se iluminaba completamente, se transformaba completamente. Y pensando en el fin de semana, en ella y en como la quería llegue a mi departamento.

La espera hasta el sábado se me hacia eterna aunque trataba de no darle importancia y comportarme como un ser humano normal. Mis amigos ya no me soportaban en mi estado de pelotudez extrema: ellos no lo entendían pero ella me había robado la cordura pero sobretodo  el corazón. Por suerte para mí, no todos mis amigos pensaban que me estaba portando como un imbécil, al menos Nicolás me hacia la gamba. El si me entendía porque estaba de novio desde hacía 3 años y todavía estaba perdidamente enamorado de su novia, lo cual era bastante “raro” o al menos eso decían todos. A mí no me importaba mucho la opinión de la mayoría de los chicos al respecto: no les había llegado su momento de sentar cabeza y preferían pasar su tiempo en compañía de señoritas bellas pero completamente frívolas, a las que luego de llevarse a la cama, desechaban sin ningún miramiento. En mi opinión, los imbéciles eran ellos.

Llego el día tan esperado, la mañana del sábado me levante demasiado temprano y bañado en un sudor frío, enfermo y sin fuerzas. Me levante al baño y luego de devolver la cena de la noche anterior me arrastre casi literalmente de vuelta a la cama. Me sentía mareado y con unas nauseas horribles, y tenía mucha bronca. ¿De todos los días del año justo hoy a mi cuerpo se le ocurría declararse enfermo?… Sentía las sabanas frías bajo mi cuerpo, me arrebuje lo mas que pude entre las mantas tratando de controlar la fiebre aunque una parte de mi sabía que era inútil, pero en ese momento no se me ocurría que mas hacer.

De pronto mientras estaba tumbado en la cama boca arriba, se me vino la imagen de ella a la mente. Como una foto en un lavado color azul. Ella en la foto sonreía y me miraba, fijo a los ojos como mirando directo a mi alma.  No sé cuanto duro esa visión, pero cuando termino note que me sentía ligeramente mejor y mi mente empezó a pensar con más claridad. Tenía que estar mejor. Iba a estar mejor por ella. Esa noche no le podía fallar.

Durante todo el día luche con todas mis fuerzas y todos los fármacos que conocía para vencer el malestar y al caer la tarde ya me encontraba con las fuerzas suficientes para encarar la gran noche que se venía.

Nico me vino a buscar a eso de las siete para ir al teatro. Se había ofrecido a acompañarme puesto que su novia se iba a quedar todo el fin de semana estudiando, y además, yo no quería ir solo.

La obra se presentaba en un teatro pequeño pero acogedor. Esa noche ella era la protagonista principal, la Chole, el eje de la obra “Prohibido Suicidarse en Primavera”. Confieso que por mis escasos conocimientos de teatro había buscado el argumento en internet. Y aunque era una historia triste y  llena de enredos, a mí lo único que me importaba era verla a ella.

Con la sala casi llena empezó la función.  La actuación de ella era estupenda, y no se notaban para nada los nervios que de seguro sentía. Al finalizar el primer acto la sala estallo en aplausos y Nico me miro fijo y me dijo ahora entiendo lo que te pasa, si tenes la oportunidad no la dejes ir.

Luego de dos actos más, la obra  llego a su fin. La sala entera aplaudió de pie al elenco cuando salió a escena a despedirse. Me sentía tan orgulloso de ella, tan feliz, tan lleno de amor… era indescriptible.

El público empezó a retirarse pero yo necesitaba verla, hablar con ella felicitarla, no sabía que decirle pero necesitaba verla, aunque dudaba en mi interior. Seguro que ella quería estar con sus compañeros de teatro… no me necesitaba. Nico me insistió en que siguiera mi instinto, que la buscara en camarines. En la parte de atrás del escenario había un montón de amigos y familia de los actores que se habían acercado a felicitarlos, y allí estaba ella. La abrace con fuerza y le dije que había estado estupenda. Ella me dijo que pensó que no iba a venir y que le alegraba mucho que estuviera ahí, porque muchos de sus amigos no habían ido. Le mentí un poco y le dije que estaba con Nico y que como no teníamos nada que hacer habíamos ido. Entonces me invito a la fiesta.

Yo al principio le dije que no. Osea era la fiesta de ella y el elenco, ¿qué iba a hacer  yo ahí? Ella insistió en  que me quedara un rato más y fuera con ella a la fiesta, ya que todos iban a llevar a sus amigos para festejar el éxito y no quería estar sola. Al final accedí, solo para darle el gusto y porque parecía que de alguna manera la suerte estaba a mi favor.

amor